Por @mayapou

Ayer tuvimos la gran suerte de poder compartir un día completo en la Ganadería de Caballos de Pura Raza Española en las instalaciones de Yeguada Nadales, con Pedro Nadales y su hija Gema Nadales, en Espiel (Córdoba). 

Maya Pou

Pedro es el espíritu de un caballo metido en el cuerpo de un humano, la sangre le corre por las venas con espíritu equino más que humano. Estoy más que segura que la cabeza de Pedro no para, está en un continuo buscar, pensar, analizar, preguntar, diseñar, examinar…. Todo para mejorar su cría, sus animales y la funcionalidad de los mismos sin dejar mucho de lado la morfología. Aunque Pedro nos cuenta que un caballo que se mueve bien, que es buen caballo no puede ser malo morfológicamente.

Recorrer los cercados de cada uno de los grupos con Pedro y Gema explicando cómo están distribuidos, cómo viven, cómo los cuidan, cómo sienten cada uno de sus ejemplares, es pura magia. Un espectáculo digno de ver que no voy a olvidar. Una finca a la que ya tengo ganas de volver, ganas de sentarme debajo de una encina para que se acerquen los 30 potros de 2 años y respirarlos sin prisa, sin nada más que hacer. Estoy en el tren de vuelta a casa, pero me queda en el listado de cosas por hacer el volver a vivir esta magnífica experiencia.

El espíritu Nadales les acompaña en todo momento, es tradición y modernidad en simbiosis, es cultura ecuestre ancestral con los medios más modernos. Es antigüedad y futuro a la vez. Es la combinación perfecta para que un ganadero pueda criar al 100% en plena naturaleza.

En un abrir y cerrar de ojos nos plantamos en medio del primer cercado donde pudimos contemplar una piara de yeguas castañas y tordas. Pedro sabe perfectamente dónde se sitúan los animales según la hora del día. Sabe cómo van a reaccionar ante la visita de extraños y nos invita a situarnos donde menos molestemos a los animales para que sigan confiando en los humanos. El respeto que tienen tanto Pedro como Gema por el caballo, se nos hace patente en todo momento. Es amor por los caballos: en el campo no pasa el tiempo, se siente el tiempo. En el campo no tenemos reloj, tenemos paisaje, tenemos caballos cerca y lejos, tenemos manadas que juegan bajo el sol ante las miradas de unos extraños que llegan con un pájaro volador haciendo un ruido distinto que despierta la curiosidad de jóvenes y mayores.

Potros y Yeguas de la Yeguada Nadales | ©Ariadna Álvarez

Con la mirada llena de orgullo, porque sé que está muy orgulloso de lo que ha logrado (aunque él siempre es muy humilde, jamás alardea de logrado nada). Pedro es como los grandes, trabaja sin descanso, buscando su sueño, persiguiendo ese movimiento que tanto le apasiona en el PRE sin dejar de soñar en la belleza de nuestro caballo.

Pedro nos enseña los diferentes grupos que tiene distribuidos por nombres que le ayudan a identificar cada animal. Los más delicados los tiene más a mano para poder controlarlos a diario, el que necesita medicamento, el que debe controlar por temas de  alimentación o cualquier otra causa, yeguas a punto de parir, yeguas mayores pero que han sido puntales con magníficos resultados en su ganadería y que mima con un esmero inconmensurable aunque ya no pueda criar más con ellas. La Yeguada Nadales cuida con mimo los cuidados indispensables para que los caballos nazcan y  crezcan sanos. Es un sello más que especial y único, que distingue a la Ganadería. La alimentación, su espacio vital, la educación en la manada hasta los 3 años, la desparasitación, el cuidado… Todo se mima en el campo.

Potros y Yeguas de la Yeguada Nadales | ©Ariadna Álvarez

El espíritu Nadales es el que cuando te enseña el grupo de caballos galopando de abajo a arriba del prado respira hondo valorando aquello que tanto tiempo y esfuerzo le ha costado, pero Pedro, callado. Sólo viviendo ese momento en compañía. Es aquel que sin decir nada, lo dice todo, pocas palabras de elogio hacia sus animales y muchas miradas de orgullo hacia cada uno de ellos. Muchas preguntas para poder aprender más, para saber cómo puede hacer para seguir mejorando.

El espíritu Nadales es el que siempre busca en el campo qué puede hacer por mejorar las cercas, las comidas de los animales, es el que los mima pensando donde ponerlos la próxima semana para que estén mejor y el pasto más suculento.

El espíritu Nadales es el que te explica: “Este campo es el de invierno para los más jóvenes, es el que tiene el verde mejor y no se hiela tanto, está en la parte más baja de la finca”. Y nos sigue contando: “En los campos de abajo se hiela el verde a partir de la 1h de la madrugada y solo pueden empezar a comer a partir de las 12h del mediodía y claro, eso no es bueno para ellos, los pobres necesitan comer más horas. El campo de arriba es mucho mejor, le da más el Sol y no se congela tanto”.

Y a mi se me eriza la piel cuando veo que un ganadero vive de esta manera su ganadería, que conoce hasta este punto cada zona de los cercados, que tiene las 1.000 hectáreas de la finca completamente controladas y que analizadas para el bienestar de sus animales.

Es el que piensa constantemente cómo hacer para que el semental esté bien cuidado mientras cubre su grupo de yeguas. Cría completamente con los caballos en libertad pero bajo un control severo y muy estricto. Ver cómo un semental está con un grupo de yeguas controlando el espacio, vigilando los peligros y cuidando de todas ellas es un espectáculo digno de ver.

En el suelo reposando una potrita de tan solo una semana de edad con un sello inconfundible, única, ¡especial! No sabemos cómo se llamará pero tiene que empezar con la letra G. Seguro que será un nombre lleno de amor, como merece. Tiene un corazón perfectamente delimitado como marca en la frente, un regalo de la naturaleza para Pedro. Una yegua que va a marcar su yeguada, fruto del azar, del esfuerzo, del trabajo, de tantas horas de sueño sin dormir, de tantos quebraderos de cabeza por lograr su sueño.

Potros y Yeguas de la Yeguada Nadales | ©Ariadna Álvarez

Y nos siguen contando tanto Pedro como Gema todo tipo de información, desde los orígenes de los potros, de los sementales, líneas maternas, caballos emblemáticos compitiendo en Gran Premio relacionando los nuevos productos con esos caballos, etc. Los dos se saben las fechas, de los padres, de las madres, las líneas de cada caballo… Conocen cada campo a la perfección, saben dónde se esconden, dónde descansan, dónde están por la mañana y a qué hora amanece en cada espacio de la finca. Son 200 hectáreas para ellos solos. El espacio es mágico, se respira vida, se respira antigüedad, alfombras verdes de césped bajo las encinas, subidas y bajadas suaves pero lo suficientemente pronunciadas como para que los potros crezcan en libertad y se desarrollen tanto física como psicológicamente como un caballo.

Caballos que cuando cumplen los 3 años no han visto un gramo de pienso, no han probado la alfalfa, no han estado encuadrados ni un solo día. Nacen en el campo, se reproducen en el campo, juegan y se hacen mayores en el campo, con sus grupos, con sus manadas. 

Os aseguro que ha sido una visita mágica a una ganadería dirigida con pasión.

Hemos tenido la gran suerte de que Ariadna Álvarez nos acompañara para fotografiar ese espíritu, esa magia, ese amor que emana de Pedro y de Gema.

Os dejamos con las fotografías de @ris.photos para que podáis saborear el Espíritu Nadales.

Fotografías © Ariadna Álvarez