El corazón del Jinete

FOTO ARIADNA ALVAREZ

Por Maya Pou

El corazón del jinete es el que palpita con fuerza al despertarse por la mañana, todavía envuelto entre sábanas calientes, al pensar que por fin es sábado.

Es aquel que por si sólo se acerca mentalmente a su caballo en cualquier situación lejana a él para no echarlo de menos.

Es el que busca con desespero huecos en su agenda para abrazar el corazón de su caballo.

El corazón de un jinete miente como un bellaco cuando dice que su caballo es el mejor, porque es muchísimo más para él. ¡Es SU caballo!

El corazón de un jinete es el que busca en su móvil videos antiguos, fotos antiguas, imágenes que hace tiempo no recuerda para reconocer en ellas aspectos nuevos de su caballo.

Es el que compara con ansia como su caballo cambia físicamente comparando la primera foto que le hizo con la última del día.

Es el que acumula álbumes de fotos, videos, composiciones, buscando nuevas posturas, nuevas puestas de sol, nuevas olas en el mar, nuevos abrazos y nuevos suspiros para revivirlo en la lejanía.

Es el que palpita por si sólo cuando se da cuenta de que alguien está hablando de su caballo, sea el comentario que sea.

Es el que cuando se acerca a la cuadra lleno de zanahorias y manzanas se acelera con peligrosidad al oír el relincho de su caballo.

¿Será por las manzanas? ¿Será por las zanahorias? ¿Será por el pálpito de su corazón?

El corazón del caballo es aquel que se funde con el del jinete en un bonito paseo por el campo en primavera. El del jinete es el que coordina con él, al mismo compás y totalmente inconsciente, los latidos del binomio.

El corazón del jinete es el que celebrando la vida en ese íntimo concierto de corazones, disfruta al ver las amapolas crecer al son de las pisadas de su caballo, disfrutando el momento presente, sin pasado, sin futuro para ninguno de los dos.

El corazón de un jinete es el que al poner el pie en el estribo se para por un instante celebrando la inmensa suerte de poder compartir camino con un ser tan increíble.

El corazón de un jinete es aquel que palpita al son de una pirueta, con calma, respirando hondo, abrazando con sentimiento a su caballo, mientras la confianza mutua los hace bailar en la pista. Todos los sentidos del binomio se entrelazan íntimamente para palpitar al mismo ritmo.

Únicamente así el corazón del jinete se funde con el del caballo al son de muchas horas de entreno, al son de muchas caricias, al son de muchas palabras mudas, al son de tantas piernas abrazadas, al son de tantas emociones compartidas…. sólo a través de este idioma personal e intransferible se funden los dos corazones para crear la magia.

Es el que agradece a la vida la gran fortuna de hablar el mismo idioma, de conectar con un ser mágico lleno de rincones por descubrir.

El corazón de un jinete es el que acerca sus ojos a los ojos de su caballo, buscando nada, sintiendo todo.

El corazón de un jinete es aquel que suspirará hondamente al leer estas honestas y sentidas líneas que quieren acercar más todavía a los dos corazones si cabe.

Es el que se pondrá a temblar al acabar un recorrido de salto emocionante, es el que abrazará agradecido a su caballo en la parada en X.

Es aquel que levantará sus brazos para señalar a su caballo y a su corazón al público estremecido, que entre aplausos agradece al binomio esa explosión de emociones, esa magia compartida mientras abandona la pista.

Y por qué será que me vienen imágenes de Víctor abandonando la pista, imágenes de Mena, de Dani, de Bea ¡y de tantos grandes jinetes que tenemos en este gran país!

Es aquel que coge el coche a las 11h de la noche al acabar su día cansado de tanto ajetreo para pasar por la cuadra y asegurarse de que su caballo está bien, lleva la manta bien puesta, está tranquilo comiendo su heno, preparado para descansar.

Y es en estos grandes momentos donde detectamos los grandes corazones de los jinetes, cuando dan todo a cambio de nada!

¡Grandes corazones para grandes jinetes y caballos!

Seguid así aprendiendo juntos, compartiendo lágrimas y alegrías.

¡Todo está bien, aquí, ahora, palpitando siempre juntos!

Maya Pou | ©Ariadna ÁLvarez