El Comité Olímpico Internacional anunció el reanálisis de más de 500 muestras adicionales de controles de dopaje realizados a deportistas participantes en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

¿Por qué se reanalizan las muestras después de transcurridos tantos años?

Desafortunadamente, las prácticas de dopaje evolucionan a una velocidad difícil de controlar de forma inmediata. Nuevos productos y planificaciones cada vez más sofisticadas, hacen que el dopaje no siempre se pueda detectar en el mismo momento en el que se produce. Además, la experiencia ha demostrado que determinadas tramas de dopaje, como el caso US Postal o el sistema de corrupción en el atletismo ruso, pueden prolongarse en el tiempo hasta que finalmente son descubiertas.

Por ello, el Código Mundial Antidopaje 2015 introdujo un nuevo plazo de prescripción de 10 años para el descubrimiento de cualquier tipo de infracción de las normas antidopaje, analíticas y no analíticas, de forma que las Organizaciones Antidopaje puedan disponer de un plazo más extenso para realizar las investigaciones necesarias e imponer las sanciones oportunas contra quienes hacen y promueven las trampas.

En el caso de los controles de dopaje, la implementación de nuevos métodos de detección y la aparición de instrumentación y maquinaria cada vez más precisa permiten la detección de formas de dopaje que hace algunos años podían pasar desapercibidas a los sistemas de control. Por eso la política antidopaje ha promovido el almacenamiento de una gran cantidad de muestras y el incremento del plazo de prescripción como instrumentos, científicos y jurídicos, para la consecución de un único fin: la protección de los deportistas que compiten limpiamente.

Como no puede ser de otra forma, uno de los principios de la lucha contra el dopaje es el restablecimiento de la integridad de la competición de la forma más rápida posible. En competiciones tan importantes como los Juegos Olímpicos se crean sistemas de control y análisis del dopaje que permiten la obtención de resultados en menos de 48 horas, con el fin de que las medallas se puedan otorgar cuanto antes a quienes las han ganado limpiamente.

Aunque este objetivo no siempre se consigue, las Organizaciones Antidopaje y el movimiento deportivo no deben desistir en el empeño. El derecho de los deportistas a competir en igualdad de condiciones no prescribe, al igual que no caduca su legitimación para recuperar las medallas que deberían haber sido suyas desde el principio. Tampoco se salva el deportista tramposo de cumplir las consecuencias del dopaje, al menos desde un punto de vista legal, hasta pasados 10 años. Primero, porque nunca es tarde para retirar una medalla, un premio o una ayuda económica a quien nunca debió recibirla. Y segundo, porque el efecto principal de las sanciones por dopaje es la “prohibición universal de participación”, lo que implica que la persona sancionada por dopaje no puede participar, en calidad alguna, en ningún deporte y en ningún lugar. 

A efectos prácticos, esto implica que el deportista a quien se acaba descubriendo, aunque sea 10 años después, además de perder los éxitos del pasado, no podrá ejercer ninguna actividad relacionada con el deporte durante el periodo de suspensión que le sea impuesto en el presente. Por eso quienes hicieron trampas en Londres no podrán ir a Tokyo, y por eso quienes se beneficiaron de métodos ilegales en el pasado no pueden ocupar ningún puesto deportivo (ni como técnico, ni como médico, ni como directivo…) en la actualidad.

Por eso se mira hacia al pasado, porque además de las consecuencias puramente jurídicas, lo que verdaderamente está en juego desde un punto de vista ético esla necesidad de conocer una verdad completa respecto a las prácticas de dopaje del pasado y la consolidación de una cultura deportiva que deje atrás la protección de quienes se han beneficiado o se benefician de las trampas. La responsabilidad del deportista que ha hecho trampas no termina con su retirada y porque el derecho del deportista limpio a un resultado justo no debe dejarse vencer. Es imprescindible enviar un mensaje claro al deportista limpio y al deportista que hace trampas corrigiendo los errores del pasado para evitar reproducirlos en el futuro.