Recuerdos convertidos en ceniza tras el incendio de los Rothenberger

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Los humanos nos alimentamos de recuerdos, de momentos felices, de recortes de periódico que nos recuerdan un día especial, o simplemente una camiseta que nos hizo sentir especiales…

Cuando alguna cosa se tuerce, nos sentimos vacíos, indefensos y que parte de nuestra vida se ha ido para siempre.

Algo así es como se deben sentir en estos momentos la familia Rothenberger. A parte de perder a sus Caballos, sus amigos, parte de su familia, han perdido algo muy valioso para nosotros: los recuerdos físicos.

Sus escarapelas, trofeos, aquellos aros olímpicos que enseñaba orgulloso Sönke por las RRSS al volver de Río, sus medallas… un sin fin de cosas que ahora, son ceniza.

Ceniza negra, ceniza amarga, ceniza que tienen que ver todos los días y que les atormenta, que les recuerda lo que pasó y lo que podría haber pasado. Cenizas que a ellos les han destrozado la vida.

Con el tiempo se darán cuenta que los recuerdos materiales no están, que echan de menos coger esa camiseta, abrazarla y que la transporte a tal o cual sitio, pero que todos esos maravillosos recuerdos permanecen en su memoria, en su interior para siempre.

Duro, doloroso e incierto, así debe ser ahora su día a día, pero como dice el refrán: “el tiempo lo cura todo” y si no lo cura añado yo, aprendes a vivir con ello y seguir adelante.

Ánimos a la familia Rothenberger, que todo eso que hoy os parece un infierno con el paso del tiempo quedará en una pesadilla que unidos supisteis superar.